HELIOSIS

Mapi Rivera

Obertura

«Mi Amado, las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas estrañas, los ríos sonorosos, el silvo de los ayres amorosos, la noche sosegada en par de los levantes de la aurora…» Juan de la Cruz. Cántico

Las grafías solares, heliogramas, que presento en esta exposición surgen a partir de una vivencia interior a la vez que de una experiencia de profunda común-unión con la naturaleza de la luz. La luz de Helios (Él-yo), a la que hago referencia, alude tanto a la luz interna del corazón como a la luz exterior y solar. Al mismo tiempo, remite a una Luz que las trasciende a ambas, una Luz cósmica, original, misteriosa y mediadora, una Luz numinosa.

La vía de lo creativo ha resultado ser para muchos artistas, así como para mí misma, una vía de aproximación a lo sagrado, entendido como aquella naturaleza preservada, todavía no profanada. Es durante esas caminatas en la naturaleza y durante estas andaduras internas por la senda de la inspiración cuando me siento libre. Y es esta libertad abrumadora que hace temblar todo mi ser, la que derrumba al instante extrañezas y pesares, dejando espacio sólo para el amor y la creación. La alegría que me invade en estos momentos de reencuentro con mi ser más esencial, deja rastros incontenibles, grafías de luz que toman forma de imágenes o poemas. Pero, sobre todo, huellas indelebles, certezas inexplicables en el fondo de mi corazón.

Las vías que he explorado recorren tanto los senderos del espíritu como los de las altas montañas y los que orillan el mar. Entornos fértiles y áridos, fríos y calurosos, inhóspitos y acogedores. Son inesperados, por ello mantienen mi atención alerta, me sorprenden y me dejo sobrecoger por ellos, orientándome siempre hacia la luz. No hay mapas para adentrarse en el Misterio porque “la libertad es una tierra sin caminos”.

Aun así, la experiencia personal puede avivar el anhelo de otros aventureros, puede contagiar por simpatía el impulso de adentrarse en lo desconocido. Puede despertar ese ser aletargado, que es, en realidad, indómito, salvaje y siempre libre. El reto está en que cada uno abra su propia vía, cuestionándose los caminos trazados. Ya que hay realidades inefables imposibles de describir que sólo pueden ser conocidas a través de la experiencia. ¿De qué otra forma se podría explicar, dar a conocer, un sabor o un fragancia?

En el campo de la estética, es posible experimentar la belleza por la vía de la contemplación, pero no se trataría de una contemplación pasiva, sino participativa, en la que el que contempla se siente embargado, emocionado, sensibilizado por la obra de arte.

La heliosis, en el sentido simbólico que toma en esta muestra, sería una hiper-exposición solar, en la que el contemplador del sol participa y experimenta la luz interior y exterior en exceso, padeciendo una transformación. Si estos heliogramas, imágenes de luz, os llegan a conmover, si os motivan alguna emoción que rasgue el velo de la indiferencia, se habrá producido en vosotros un pequeño cambio, una sutil metamorfosis.

 

La Heliosis; una Gozología

“No hay noche que no tenga luz, pero está oculta. El sol brilla también en la noche, pero está oculto. Durante el día brilla y oculta las demás luces. De la misma manera actúa la luz divina, que oculta todas las luces.” Maestro Eckhart. El fruto de la nada

“Entonces me inundó el gozo de la unión y caí en el abismo sin fondo, y salí de mi espíritu para esa hora de la que nada se puede decir.” Hadewijch de Amberes. Visiones

La palabra heliosis significa “insolación”, es decir, patología provocada por un exceso de exposición solar. Pero el sentido que adquiere en este proyecto, va más allá de la afectación física, para referirse a ella como un phatos metafísico. Los síntomas de este pathos, de esta pasión luminosa, son el gozo, la exaltación y la alegría radiante. El sufrimiento sería pues la antítesis de esta patología gozosa, de esta “gozología”. La radiación luminosa de Helios no afectaría únicamente a la superficie dérmica, sino que, penetrando hasta el fondo del ser, comunicaría con nuestra esencia luminosa. En las cumbres del paisaje visionario, el viajero enamorado, sintiéndose próximo al Sol, se reconoce iluminado. Sus sentidos se exacerban como dotados de una nueva sensibilidad y la percepción auditiva y visionaria traspasa sus posibilidades ordinarias, ampliándose para captar una nueva realidad.

But, it will not be enough to contemplate and savor the beauty and sweetness of Love, to be taken with awe, enthusiasm or intense joy at the vision of the many facets of his unique face. It will be necessary to transcend the illuminated peaks, leave behind the visionary landscapes, the creative inspirations. Go beyond the intermediate landscape, the overwhelming visions, the kaleidoscopic play of the imaginal pleroma. Although the proximity, the luminous touch and the humid vision of the Source of love, convert the spiritual traveler into a connoisseur, pioneer and explorer of the Mystery, the purpose of his trip goes beyond visionary knowledge. The end of the mystical journey, heliosis is, in short, a meta-illumination. It is a pathology of love, which activates the tropism of the lover so that he/she rises and falls into an embrace with his Beloved.

The approach to Helios undoubtedly entails hyper-exposure to the sun. The risks are not few. If the wings that lift you are not true, that is, if the love impulse is not real, the fall is, as happened to Icarus, inevitable. Falling in love with the Sun, while still human, has its consequences, Leucotoe herself was punished to the underworld and transformed into an incense tree. And it is the essential requirement to be able to embrace Helios, to merge with the Source of all light, a pure heart that dares to suffer from heliosis and that does not hesitate to transmute its human condition to become solar.

SOY UNA CELDA VACÍA
y soy su miel.
Soy la cera que arde y soy su llama.
Misterio reconciliado en el corazón,
bomba de amor, vibración de vida,
nota constante y silenciosa.
Soy, me elevo para ser.
Mi capacidad de volar
es mi deseo de fundirme
en la Fuente de la luz.
Mi capacidad de arder
crea espacio para la dulzura.
Mi capacidad de mantenerme vacía,
me hace libre para el amor.
Las hojas reverdecen,
las flores se abren,
la luz es generosa a la receptividad.
Bombeo una savia líquida y esencial,
me abro en un gesto de entrega
y la luz me insemina.
Liviana y transparente,
me disuelvo en un río de vida
que asciende con la fuerza de la levedad.
Vacía de pensamientos graves,
giro hacia arriba en remolino de luz.

 

VEN,
soy un cauce abierto para recibirte.
Ven, el agua que discurre transparente
y te refleja.
Ven, insemíname con tu luz,
úngeme con tu esencia,
lléname de tu energía
para que pueda vibrar y renacer.
Conozco mi fuente
y, sin embargo, te invoco,
porqué lo que está dentro está fuera.
Eres luz solar lejana
y manantial íntimo de amor.
Ven, abrázame como tu haces,
en la vibración silenciosa
que impregna la naturaleza.
Te invoco,
porque sólo abriéndome a ti
puedo recibirte,
porque sólo vaciándome de mí,
puedo acogerte.
Soy mujer, receptiva, valle, río, agua.
Mi vientre está vacío
para la concepción de la luz.
Mi corazón es el alambique
que regenera mi ser.
Nazco, fluyo y vibro
naturaleza y luz.