EL ESPEJO DE LAS ALMAS SIMPLES

“Esta Alma se halla presa y detenida en el país de la entera paz; pues está siempre colmada de satisfacción en la que se zambulle, desliza, flota y se inunda de paz divina, sin moverse interiormente ni obrar exteriormente.” Margarita Porete. El espejo de las almas simples. s. XIV

Cuando hago fotos suelo moverme por la intuición, aunque en el fondo siempre busco una luz particular. Es la “luz de los sueños” tal como la describe el artista James Turrell, la luz de la experiencia visionaria; una luz que conmueve porque nos recuerda la luz de otro mundo. Esa luz parece revelarse más que en ningún otro momento en los crepúsculos, se desliza tocando valles, montañas, lagos.

En este último viaje al Pirineo Aragonés, me he sentido atraída por las aguas transparentes de las cumbres. He tenido muy presente el libro de Margarita Porete “El espejo de las almas simples”, pues reconocí algo sagrado y al mismo tiempo sencillo en estos ibones situados tan cerca del cielo que lo reflejan con gran claridad.

Los ascensos a estos lugares tienen algo de ritual iniciático y purificador ya que suelen ser caminos empinados, nada fáciles. Es como si la contemplación de la belleza que ocultan requiriera primero una entrega por parte de quien quiere contemplarlos.

Al llegar, te acompaña la sensación de estar recibiendo un regalo merecido. Después de un recorrido donde fuerzas tus límites, sudas, sientes el peso de la carga en tu espalda (en mi caso; la cámara, el flash y los trípodes), el baño es casi inevitable, sus aguas frías y limpias te reaniman y reconfortan.

La belleza del lugar y el bienestar que sientes hace que te olvides al instante del esfuerzo que te ha costado el ascenso. Todo es liviano y hay una fuerza especial que poco a poco te embarga; el sentido numinoso del lugar.

Esperando la luz del atardecer, permanecí en cada uno de los ibones que ascendí. Mientras, las personas que habían llegado durante el día se iban marchando, quedándome completamente sola, con mi cámara interior y exterior activa.

Es entonces cuando se revela el silencio verdadero, ese que, a pesar de estar tintado de pequeños sonidos del ambiente, es realmente un silencio palpable que lo llena todo. Y si el milagro sucede, yo misma paso a formar parte de ese silencio, me desnudo del ruido del pensamiento y un sentimiento de gratitud me llena. Las fotos que realizo en esos estados de ser, transpiran esa nota silenciosa que surge de un profundo reconocimiento de amor a la verdadera naturaleza de todo lo que es.

Foto de Making of. Ibón de Ordicuso. Panticosa. Valle de Tena. Pirineo Aragonés. 2018
Foto de making of. Ibón de Acherito. Valle de Hecho. 2018

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