CUADERNO CANALIZADO · abril 2020

Mapi Rivera

Somos seres insondables, nuestras raíces se hunden mucho más profundo de lo que somos capaces de imaginar, y nuestras ramificaciones se alzan y se despliegan hacia la Luz con entrega generosa. Cuando me atreví a tocar fondo en mi oscuridad, pude dar total cabida a la Luz. Como árboles de receptividad, nuestra raíz y nuestra copa se tocan, y el lugar de encuentro es el corazón del Misterio.

Tras atravesar una honda crisis vital que hizo que se desvaneciera el suelo bajo mis pies, me sentí empujada al borde del precipicio; una inmensidad desconocida e ignota se desplegó ante mi visión. Para reencontrar mi esencia, en medio de la total disolución que experimentaba, me senté a meditar a diario, y, poco a poco, las meditaciones, no solo fueron restaurando una paz y una calma que ante todo recuerdo haber sentido en la niñez, sino que empezaron a embargarme imágenes luminosas que me revelaban el Origen de la vida y su verdadero sentido. Cada meditación era como sumergirse en un mar nutricio de Luz del que emergía regenerada.

Con el tiempo, empecé a percibir y sentir, no solo imágenes, sino también palabras y algo me impulsó a balbucearlas. Cuando las pronunciaba, las imágenes que veía mutaban, como si mi escucha y la pronunciación de esas palabras que me eran dadas les confiriera animación y vida.

Desde entonces, canalizo a diario unas comunicaciones que nacen de la visión imaginal y de la escucha atenta; visión y audición se unen en una trenza simbólica y poética de sentido. Cada una de estas imágenes es una semilla que condensa lo que he visto y he escuchado, y acompañan una comunicación que desgrana un mensaje líquido, luminoso, y primigenio.

Podéis leer una comunicación inspirada en el siguiente enlace: https://www.mapirivera.com/sentirse-universo/