CRISOL

J. L. Lara

«Crisol” es el título que la artista Mapi Rivera otorga a esta nueva exposición que cuenta con realizaciones de distintas épocas y que ahora presenta en el Espacio de Arte La Carbonería. Crisol es una acepción que especifica el diccionario de Uso de María Moliner, entre otras, como una situación o circunstancia que sirven para purificar y hacer más firme una virtud. Bien puede asignarse este pensamiento a la voluntad de esta joven creativa en el afán que persigue para expresar su ideario artístico pleno de inquietudes, de búsquedas, de deseos, de encuentros, a través de las continuas metáforas que son en definitiva sus creaciones.

En plena efervescencia de profundización de la propia y concluyente realidad y las circunstancias que ella misma le otorga, el reflejo y las referencias de la mujer, en este caso, con el entorno y la idea que transmiten. Son imágenes que nos muestran estados sugerentes, descriptivos. Relatos emocionales que se extienden antes y después del instante captado, desde que la idea comienza a germinar y más tarde florece. Son, después, situaciones o estados ambientados con contenidos originales que determinan y justifican los argumentos. La mujer se muestra etérea unas veces, determinante y comunicativa otras, rotunda o rutilante, referencial o enigmática, relajada o tensa, paradójica o real, pero siempre bella y espléndidamente femenina. La investigación, el trabajo que hay detrás de estas hermosas imágenes que se muestran en equilibrio y compensaciones que descansan en una técnica notable no son algo independiente, sino que nacen como consecuencia del desarrollo del pensamiento, de la línea de conducta de este desarrollo en el que concurren la sensibilidad, la maestría y la imaginación.

Y el resultado son exposiciones como la que ahora contemplamos, plena de inquietudes e innovaciones. Son realizaciones singulares que relejan el carácter de su autora, abierto, libre, alegre, reflexivo y luminoso. Fundidos así su yo y sus circunstancias, su mundo interior y exterior, donde surge lo apasionante de estas instantáneas, en cierto modo magicista. Los contrastes, que podrían sorprendernos en el análisis aislado de la obra, son el reflejo natural y lógico de la singular personalidad de Mapi Rivera que le permite mantener la sorpresa y el análisis, la pureza de un lenguaje expresivo si la menor torpeza en su dicción. El conjunto, como siempre, resulta gratificante y, sin duda, no deja indiferente al espectador.

Obra que se concreta por esa constante búsqueda que discurre entre las soledades y los sueños, entre la imaginación y la serenidad, la pasión entusiasta y los sentidos; los sentimientos más dispares, deseos de hondura y penetración, en beneficio de un juego luminoso integrador, en un logro de importante elocuencia plástica. Un claro aprovechamiento racional del subconsciente, en el que se mezclan y armonizan atmósferas de misterio y de certeza, donde la presencia y belleza femenina son sutilmente puestas en escena con sensibilidad y elegancia, con buen gusto y belleza.

Mapi Rivera

1

Tanto amor,
amor que me desborda como luz,
amor que me supura,
me transpira,
amor que brota desde mi corazón abierto
en un sutil abrazo,
que nos transporta a espacios elevados.
Esto es lo que soy,
una mujer que conoce su fuente de amor.
Que con el pecho inflamado
se te muestra en la intimidad.
Me desnudo,
ya no de vestidos y abrazos,
me desnudo de piel,
me desnudo de carne,
me desnudo de mí.
Y en esta mirada embriagada de licor,
me disuelvo en gotas luminosas.
Soy el vapor que exhala el alambique de mi cuerpo,
soy una aurora cálida,
una nube luminosa que te envuelve y te penetra.
Pero tú, también luciérnaga,
poderoso chamán,
tierno amor etéreo,
tú eres un remolino de amor seminal.
Me desnudo de cuerpo
para que me veas con tus mil ojos,
para que mi amor fusionado con el tuyo
nos estalle
y su impulso nos devuelva
al origen de nuestro amor.

2

Subo a buscarte,
te has elevado hacia la fuente
y sólo un hilo de luz nos une.
Sigo este hilo de Penélope
para encontrar el origen de mi vida.
Me desenredo en el anhelo de la claridad
que tú exhalas
en un rastro de vapor.
Subo,
no tengo miedo al vacío.
Subo,
y esta soledad que me envolvía
como una placenta irreal,
se rompe en aguas que rocían la tierra.
Atravieso la atmósfera,
como si atravesara la matriz de la gran madre.
Sigo las huellas sutiles que dejas tras de ti,
el rocío que se vuelve gota,
la calidez que atraviesa el frío,
luz que,
en el gran universo, brillas.
Subo,
tan rápido que sólo puedo seguirte el ritmo con la mirada.
No veo el final de este viaje,
pero, te sigo.
Busco la fuente de la luz,
la calma imperturbable,
el amor redondo que ya gira en mi pecho
en eterna ternura.
La órbita que habitas arde con una luz que quema.
Vivirla es morir,
todo queda calcinado
y en este fuego cálido
el cuerpo se transmuta en cuerpo sutil.