EL ARTE DE LA LUZ

Experiencia espiritual, arte contemporáneo y reflexión intelectual confluyen en esta artista.
Artículo de DÍDAC P. LAGARRIGA. para el DIARI ARA

“Buscaba, sin saberlo, de manera intuitiva, volver a percibir la luz, y la luz me fue dada, como un regalo. Cuando venía de imprevisto, me hundía en el gozo, mi visión se transfiguraba, los objetos se desdibujaban, se desgranaban cómo pequeñas partículas luminosas. Me venían ganas de transcribir una experiencia que iba más allá de mí, la certeza de saberme infinita, ilimitada. Cuando el influjo de la visión se apaciguaba, escribía y dibujaba lo que había visto”.

Lo dice en voz baja, serena, lo escribe también desde el rincón donde intimidad y sinceridad se encuentran. Mapi Rivera, nacida en Huesca el 1976 e instalada en Barcelona desde sus estudios de Bellas Artes a mediados de los años noventa, no esconde su proceso creativo, ni censura su experiencia con una realidad inconmensurable que no siempre el mundo del arte contemporáneo sabe cómo gestionar. Emancipado de las tradiciones espirituales, a menudo el artista actual se pierde en espejismos autorreferenciales justamente para no adentrarse en las artes de todos los tiempos y épocas. “En las Escuelas de Arte o Universidades –afirma Rivera– se enseñan las técnicas físicas, pero se olvidan los modos metafísicos. En mi caso, tuve la suerte de conocer al profesor Josep Maria Jori, uno de los pocos maestros que entienden la docencia como una iniciación, que sabe ver en los alumnos sus talentos ocultos y enseña a gestionarlos para que afloren a través de la creación. Su guía fue imprescindible en mi desarrollo como persona y como creadora”.

Desnudarse

Durante estas dos últimas décadas, se ha perfilado como una de las artistas más personales del panorama actual, exponiendo con continuidad en museos y galerías unas obras en que, principalmente a través de la fotografía y el vídeo, narra su proceso interior plasmado, en primer lugar, en escritos y dibujos. El protagonismo de su cuerpo desnudo en casi todos sus trabajos es también una de las características, un cuerpo que no sólo evoca todas las sutilezas de la vivencia espiritual, sino que también interpela al espectador a través de una desnudez que es a la vez vulnerabilidad y fortaleza. Evidencia y opacidad. Desnudez exterior y física, también interior: “En mi anhelo de descubrimiento, de volver al origen, fui desprendiéndome de las pieles, capas, velos que cubrían el cuerpo hasta llegar a la desnudez que, en mis obras fotográficas, simboliza la entrega incondicionada, la mirada limpia”, confiesa el artista, que añade: “Crear requiere estar presente, reclama ir abriendo fisuras a la armadura del ego, porque por aquellas rendijas se cuelan intuiciones, epifanías súbitas e ideas inspiradas. Estar plenamente abierta, desnuda a esta luz, es estar expuesta al saber universal. Es la absoluta entrega y la mayor riqueza. Esta es la gran paradoja: cuando nos desnudamos y nos volvemos plenamente vulnerables todo es posible”.

La escritura no sólo le sirve como receptáculo para recoger las visiones interiores, también es el vehículo por el cual reflexiona y ordena su trayectoria artística. De esta segunda deriva más ensayística publica ahora el libro ‘El sentido numinoso de la luz’ (Herder), un extenso volumen para recorrer no sólo su proceso creativo, sino todos aquellos referentes que sostienen su trabajo. Una profundización en el fenómeno de la inspiración que experimentan místicos y artistas de todas las épocas y culturas, en el que búsqueda, hallazgo y juego con la noción de numinositad es la clave (cómo explica Rivera, ella utiliza el término ‘numinoso’ en el sentido que le dio el teólogo Rudolf Otto para referirse a aquel sentimiento de lo sagrado que es común a todas las religiones y que puede estar en la médula del ser humano desde el inicio de los tiempos).

“La hipótesis de este libro es que la ‘visión’ es imprescindible para que la creación devenga genuina, que el roce con el numinoso es el germen de toda obra de arte, que si esta inspiración falta, la obra se limita a la especulación”, explica la autora.

Arte y devoción

Con un prólogo del conocido teólogo y antropólogo Xavier Melloni (para él que Mapi Rivera “reúne tres características de confluencia poco habitual: ser depositaria de una intensa experiencia espiritual, tener dotes artísticos y haber cultivado la teorización de los dos campos mediante lecturas amplias y plurales, con un gran conocimiento tanto del mundo artístico como espiritual y de las diversas tradiciones religiosas”), este libro ofrece una importante síntesis de testimonios que han tratado sobre experiencia, interioridad y arte, más allá de cómo se los haya etiquetado. Porque como dijo el gran –y no siempre bastante escuchado– teórico del arte Ananda K. Coomaraswamy, la inspiración nunca puede significar otra cosa que la acción de una fuerza espiritual dentro de uno mismo y, por lo tanto, “el artista no es un tipo especial de ser humano, sino que todo ser humano es un tipo especial de artista”. A raíz de esta cita, Rivera escribe: “La vida y todas las acciones que hacemos son una excusa para transformarnos y experimentar lo numinoso. La función de la persona creadora consiste en traducir esta experiencia de una manera intensificada por los sentidos. Por eso, la práctica del arte tradicional incorpora la meditación como una parte indisociable del proceso creativo y su contemplación deviene también parte de este proceso devocional o iluminativo”.

Y si alguna especificidad tenemos que encontrar en los y las artistas actuales, cuando no se dedican meramente a la especulación, es precisamente este contacto íntimo con una realidad fecunda que rompe límites. “En la contemporaneidad –explica Rivera–, los creadores encontramos en los procesos de creación un refugio para practicar la interioridad. Ya sea de manera consciente o inconsciente, recurrimos a algunos métodos de estas culturas tradicionales. Más que en cualquier otra época, la creación es la rendija que nos queda para despertar la sensitividad y procurar la experiencia visionaria. Lo numinoso encuentra una vía de manifestación a través de la vivencia individual del creador contemporáneo, desamparado de toda tradición».

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