CUERPO DE ESTRELLAS · 2026

Mapi Rivera

Esa sabiduría que no es necesario atesorar porque es un regalo que continuamente se os da. Ese polvo de estrella que continuamente os bendice recordándoos que venís de allí que sois de allí, que la luz es vuestra esencia, que la luz es el fulgor de vuestra presencia y que estáis aquí para ser quien sois, para iluminar como un faro que recuerda cómo orientarse y orientar a los demás.

Cuando cierro los ojos en estado de meditación, siento que mis sentidos internos se abren a una comunicación con una Fuente de información, a veces de forma directa a través de un flujo luminoso, a veces a través de mediadores, seres de luz y de conciencia, que traducen ese flujo enviándome imágenes y palabras.

Ese flujo de información está compuesto de una vibración que invariablemente enaltece nuestro ser, al rumor de esa vibración lo llamamos amor en su estado puro. En esos estados, mi corazón se relaja, y al mismo tiempo me muestra que es un broche para este intercambio sutil. Percibo claramente como este centro cordial sostiene corrientes de energía aparentemente opuestas por la polaridad de sus frecuencias sutiles y densas. El corazón las concentra, y a su alrededor, como si fuera un imán, se arremolinan estas energías generando la forma de un toroide astral.

Nuestra forma plena es toroidal, una esfera abierta como un donut que se crea al redibujarse energéticamente sobre el centro del corazón, que a su vez sostiene esas dos corrientes que unen el cielo y la tierra. Los centros vitales llamados corona y raíz, dan entrada a estas corrientes que animan nuestra experiencia encarnada.

Nuestro cuerpo es el instrumento que permite sostener encauzadas estas fuerzas, y nuestra sensitividad cordial es la que nos permite percibirlas. El corazón es el asiento que sostiene la vida y por tanto la percepción empática de la misma. Nuestro cuerpo estelar se arremolina a su alrededor.